Este ciclo escolar, 93 mil 208 estudiantes de instituciones de educación superior causaron baja temporal o definitiva, de acuerdo con datos de la Dirección General de Educación Superior Universitaria e Intercultural  (DGESU) de la Subsecretaría de Educación Superior.

Carmen Rodríguez Armenta, titular de la DGESU, explicó que las causas de la deserción son multifactoriales en este nivel educativo y van desde las necesidades de los jóvenes de incorporarse al trabajo hasta la falta de equipo de cómputo o conexión a internet  y el factor sicológico.

En entrevista, destacó que a estas alturas de la pandemia todavía  dos de cada 10  universitarios (21%) tienen  insuficiencia de infraestructura tecnológica para seguir sus clases a distancia.

“La diferencia de la estrategia en  educación básica que tiene que ver con la televisión es que en la educación superior se requiere de la utilización de tecnologías de la información y la comunicación”, confirmó.

En este ámbito, la funcionaria informó que se está revisando con cada institución educativa el proceso de acompañamiento para  poder incorporar nuevamente a los estudiantes que han desertado de las universidades

Una de las estrategias clave en contra de la deserción que se está registrando en el nivel superior, detalló, es la flexibilización del proceso de evaluación de los estudiantes, pues no es lo mismo,  reconoció, lo que están enfrentando los universitarios de las escuelas privadas que los de las públicas.

Se requiere inclusión y sensibilidad, manifestó, para enfrentar este problema.

“Podemos ver como las instituciones  tienen dos tipos de estudiantes, por ejemplo,  los que no cuentan con equipo de cómputo y los que sí cuentan, es decir, estamos viviendo la pandemia desde  espacios diferentes y, por ello, es tan relevante el tema de la flexibilidad en el proceso de evaluación y el  acompañamiento psicológico”.

“Y  los procesos de flexibilidad tienen que ver con que, si de repente, un estudiante,  se está observando que  ya no se conectó, que tiene algunos problemas de conexión,  el  profesor  tenga la  sensibilidad de decir, ‘a ver  qué le está pasando a este estudiante’,  busque al chico,  le llame por teléfono, le mande mensaje o  correos electrónicos que le  permitan sentirse acompañado. Pero la estrategia  debe ser puntual, segmentada y muy cuidada  en compañía  de cada uno los rectores y las rectoras”, planteó.

Rodríguez Armenta dijo  que no todos los estudiantes tienen las habilidades autogestivas para llevar a cabo un proceso de aprendizaje en línea.

En este sentido, refirió que el programa de tutorías implementado desde hace más de una década en el país en diversas universidades para fortalecer la formación autónoma del estudiante, hoy juega un papel protagónico.

“Esto va a ser fundamental, porque más que nunca debemos de poner una  atención mayor a  la que demandaban las clases presenciales, porque al estar mediados por tecnologías, ahora  los procesos  educativos son distintos; entonces, el  profesor tiene que tener la capacidad de  generar dinámicas diferentes y materiales  educativos diversos”, agregó.

Rodríguez Armenta comentó que otro de los retos que enfrentan las universidades, una vez que se tenga que volver a clases presenciales, es el número de docentes que se han identificado como población vulnerable ante al virus.

Se detectó que de los 429 mil 495 docentes que laboran en instituciones de educación superior, 41 mil 979 son obesos, hipertensos, diabéticos o mayores de edad.

Esto significa  que uno de cada 10 maestros universitarios  tienen algún factor de riesgo que los hace más susceptibles a complicaciones en caso de contraer el nuevo coronavirus.

FUENTE: EXCELSIOR.COM.MX

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