Querétaro celebrará próximamente comicios para elegir a su próximo gobernador. La actividad política está a flor de piel y los contendientes hacen su parte, incluso a veces en detrimento de la calidad de vida de los habitantes de su estado.

¿A qué me refiero? A que los candidatos y partidos, con el objetivo de obtener simpatías, acuerdan y negocian con diferentes sectores representativos pero no tan queridos. Vera usted, durante años los grupos de ambulantes propiamente secuestraron espacios públicos de la capital queretana.

Quien ha vivido en Querétaro durante los últimos 30 años recordará el nombre de Sergio Gerónimo Sánchez Sáenz, aquél líder que en 1998 apedreó un camión del gabinete presidencial. Este tipo de actores gustan del desorden, se alimentan del caos. Es su modus vivendi. Hoy, en pleno 2021 pretende hacer lo mismo y ya ha iniciado con actividades que son propias de su especialidad.

Pero como siempre lo he dicho, este tipo de “movimientos” no tienen una generación espontánea, al contrario, son motivados y, tristemente, desde uno de los partidos contendientes por la gubernatura: Morena.

Aquello que tanto le costó a Querétaro remover del corazón de su capital, hoy pretende volver: el ambulantaje. La primera acción es invadir el Centro Histórico, patrimonio cultural de la humanidad. Sergio pretende, maliciosamente, generar una imagen entre la ciudadanía: la de que el gobierno en turno no tiene control. Lo anterior para capitalizar el descontento. Siniestro.

No pretendemos satanizar la actividad sin embargo, y se ha dicho muchas veces, el ambulantaje significa una competencia desleal para aquél comercio establecido que paga impuestos. Pero por lo que nos podemos pronunciar es por un acuerdo que beneficie a las partes, es decir, asignar espacios en donde los ambulantes puedan vender sus productos y sostenerse económicamente. Todos necesitamos comer, eso es un hecho.

Pero aquí ocurre algo: el grupo de Sergio se aposta sin acuerdo alguno, sin diálogo previo, y luego entonces, como antaño, chantajea y presiona para obtener lo que quiere. Lo reiteramos, es su modus vivendi. Ahora que se le pide apegarse al marco normativo, se dice acosado. Vaya ruin.

El tiempo lo pondrá en su lugar y habremos de saber quién tenía la razón.

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